Cáncer craneal
Hasta el culo de metales pesados
Este cuento está basado en la canción Cancer of the Skull de Cameron Winter y va sobre dos compañeros de trabajo que se han tajado en una cena de empresa y salen a descansar del karaoke un rato.
Voy hasta el culo de metales pesados. Soy un metalero pesado. Salgo un rato para despejarme y hablar contigo. Mañana otra vez a la oficina, parece mentira. Dos bolsas en cada mano subiendo las escaleras; como siempre, por suerte, me esperas, me encuentro con tus cigarrillos en el penúltimo escalón.
Te gustaría quedarte con mis dientes de comercial, ¿verdad? No lo sabes, pero estoy en una aventura, soy como un pirata con ojos de pirado. Estoy enganchado al sistema. Al amanecer me meto en el metro por él, ahí me deshago de todos mis secretos. Entro por la entrada de dentro.
He venido aquí arriba a congelarme contigo, a cocinarme de sueño en tu mierda. Me bailas un rato con tus pies diminutos, no puedo seguirte. Le rezo al dios maniaco de los piratas para entender qué está pasando.
Cáncer de los dedos en las manos de los becarios. Vaya oficina asquerosa. Nos hemos ido de karaoke. Las canciones son para malos cantantes, a mí la voz no me da. Luego cáncer de los ochenta, te revientan con el ukelele. Una canción fea como cien bebés feos.
No me apetece comer. Mi cara en los billetes, en los cinco pavos que me debes que tienes en la mano. Te escribo una carta increíble y cualquiera que me conozca te podría decir que estoy pelado de dinero. Te guardas el billete. Me rasco mi nariz perfecta.
Te enseñé algo que aprendiste en dos mil once. Abróchate, viene el accidente fatal, el disparo a través del cristal antibalas. Voy a darle un beso al coche más vacío de la carretera.
Cáncer de los dedos en las manos de los becarios. Te cagas. Las canciones son espectaculares en el karaoke con la gente del trabajo hasta que llega el cáncer de los ochenta. Últimamente todo el mundo me jode un poco de vez en cuando, pero es que estas canciones… como cien bebés feos.
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Voy en un autobús que salió de Murcia esta mañana, escuchando esta fantasía por los auriculares. La voz sintética distorsiona levemente algún acento, alguna curva entonacional. La melodía de Cáncer craneal está bastante guapa. Pruébala.
Esta mañana me ha enviado un amigo un enlace de Spotify al disco de Cameron Winter y estaba revisando el nombre de las canciones y cuando he llegado a «Cancer of the Skull» he recordado que había leído ese título antes y después de una exhaustiva investigación aquí estoy. Si ya me encantaba el cuento, pues ahora me sigue encantando, pero un poquito más.