Todos mis amigos
Empieza así: me acerco con toda la vergüenza que me cabe en el cuerpo a un edificio en el que jamás pensé que entraría. No es mucho más raro que cualquier otro edificio en el que nunca he estado; hay oficinas y viviendas, como en muchos otros, lo que hace más difícil que las casas sean hogares y le quita un poco de seriedad a las oficinas. Bajo un par de plantas, donde hay un jardín a pesar de que la luz apenas llega a través del ojo patio, entro en la sala que hay reservada a esa hora para la primera reunión, te conozco, hablas mucho, los demás poco, termina la reunión y nos quedamos junto a algunas personas más.
Vamos a tu casa y nos ofreces algo de beber. Dos es un número muy bueno de cervezas, pero nos enfrentamos a tres o posiblemente cuatro. Subimos la voz, subimos la voz un poco más, ponemos música y, aunque no parece posible, subimos aún más la voz, y pienso que no piensas en los vecinos.
Echas un vistazo a los gráficos antes de enseñárnoslos, y cuando lo haces te giras con un movimiento exageradamente dramático y lo acompañas con un golpe en la mesa. Opinamos todos igual y quedamos en que no salga de esa habitación, abrimos otra cerveza y la noche es genial.
Empiezas a darte cuenta de que esto te gusta, y a organizar algo más grande, algo con lo que podamos decir que estamos orgullosos, y ya no eres tú, ya somos todos nosotros, las cervezas, los papeles esparcidos por toda la habitación, el volumen altísimo y los vecinos en los que no pensamos.
Si está hasta arriba, mejor, dices. Sacas varios pasamontañas de un cajón y no pienso en por qué puedes tenerlos. Te lo pones y tus ojos azules parecen perderse, mimetizarse con la tela, se vuelven negros. Ahora estamos en una furgoneta que frena de golpe y saltas, corres hacia la puerta trasera del edificio y te seguimos. Yo llevo el maletín, es una operación sencilla, entrada y salida, si todo sale bien nadie va a saber que hemos pasado por aquí, si algo sale mal nadie va a saber quién ha pasado por aquí.
Porque sabemos que vamos a estar despiertos hasta tarde, nos hemos permitido el lujo de pasar por un bazar y pillar algo que llevarnos a la boca. Munición líquida, si trasteas un poco en la nevera de alguno de estos sitios puedes encontrar oro embotellado. Estamos bastante arriba ya, no es que nos haga falta, pero cada minuto es un baile de emociones y hay que jugar sobre seguro, sobornar al árbitro. Tu brillo en los ojos y el tamborileo nervioso en la ventanilla, te has asegurado de todo y te enfadas por cualquier tontería que no está en tu mano.
Pero si te preocupa el tiempo qué podemos hacer. Si llueve y no hay nadie. Si el local se inunda, si el sol brilla y hace tantísimo calor y el aire acondicionado se ha estropeado y deciden que ocurra al aire libre. Si pasa cualquiera de las cosas que podrían pasar qué podemos hacer.
Te has equivocado de aparcamiento, imagino que te digo para levantarte el ánimo. Imagino que te lo tomas bien y te ríes y te relajas y te tomas la cerveza que has abierto y dejado en el espacio entre los asientos. Imagino, porque sé que si te lo dijera no estás lejos de gritarme o algo peor, porque estás fuera de ti y tu estado me hace darme cuenta de que ya no estamos en Kansas, como suele decirse, que esta mierda va en serio, que hay un maletín en el edificio.
Así empieza: enciendes las noticias y te muerdes las uñas esperando que pase algo. Conectas el receptor de radio y esperas que alguien diga algo. Actualizas el feed de tus redes sociales a ver si alguien publica algo. Todo lo que entra es ruidoruidoruido y nada es lo que quieres escuchar.
Y empieza: una explosión.
Enciendes el motor y salimos disparados. Por fin has sonreído y te has bebido la lata del tirón, pero ahora hay que ponerse en marcha, hay que dejar de existir.
Enfilamos hacia el corazón del sol, a perdernos en un bosque, hundirnos en el océano, lejoslejoslejos dices, no hay un sitio seguro dices, ¿no tienes un sitio seguro? preguntamos, sí, pero no, pero sí, nada está claro y todos los sentimientos están confusos de repente.
Una de las formas en que sale a relucir nuestra edad es que no entendemos a qué se refiere el chaval más joven del grupo. Sienta bien estar con otra gente que tampoco le entiende. Está nervioso de una forma diferente. Estamos nerviosos cada uno a nuestra manera.
Y si sale el sol, si sale el sol y estamos todavía en esta furgoneta, todavía conduciendo, todavía alejándonos, entonces qué. No se está tan mal. Tenemos las cervezas en la parte de atrás, algo de picar en una bolsa, adrenalina circulando sin parar por las venas y la euforia en la cabeza. Se está bien.
Si sale el sol y todavía no quiero vagabundear de vuelta a casa, te diré que me des conversación, que demos un par de vueltas, que no creo que sea seguro, que tengo hambresedsueñomiedo, te diré sencillamente que no quiero volver a casa y entonces qué dirás.
Es el recuerdo de los que eran mejores que nosotros y no van a pasar de esta noche lo que nos va a atormentar dentro de un par de décadas, cuando estemos en un bar de carretera cerca de un pueblo de mierda, escapando ya ni sabemos de qué o de quién, y al mirar al otro lado de la barra veamos unos ojos azules que nos recuerden a los de alguien que comparte la botella con nosotros esta noche en esta furgoneta.
Lo que nos mantiene en pie ahora mismo es saber que hemos hecho algo importante. Hay un edificio en llamas y gente gritando y llorando y sangre y vísceras esparcidas por el suelo. Algo bien grande, rodeados de amigos.
Te pasas los primeros cinco años manteniéndote a raya, intentando llamar la atención lo mínimo posible, durmiendo en lacalleelcocheunhostaldemalamuerte, dejando que los días se fundan y se conviertan en una sopa de tiempo, nada con suficiente textura para rozarte.
Y los cinco años siguientes intentando estar de nuevo con tus amigos, buscando alguna conexión, por supuesto no con quien eras antes de, pero con quien fuiste durante, una idea mucho más que una persona, una noche de gloria, la más importante de tu vida con los más importantes de tu vida, cuando te sentiste especialúnicodiferenteadorado.
Hablas cuarenta y cinco veces más rápido de lo que puedes, te atropellas, no mantienes el contacto visual, confundes lo que dices y a quién. Ya no sabes cómo interactuar con otras personas, han pasado tantos años. Antes de convertirte en lo que eres: una última noche, una sensación inigualable. Y ahora esto.
Sí, sé que es agotador, pero es mejor cuando fingimos que no es nada. Un paso detrás de otro, un paso delante de otro, un día y luego una noche y otro día igual. Y si somos capaces de aguantarlo, cuando nos demos cuenta, una vida. Te preguntas a veces qué ha pasado con los demás, pero no puedes preguntarte qué ha pasado.
Se deshace, se diluye, se cae a trozos, era una vida y ahora no es nada. Cuando vas en piloto automático, la realidad tiene una sorprendente cantidad de detalles en los que perderte. Llevas una hora mirando esa mancha concreta en el techo de la habitación y ya te ha parecido unperrounarbustoMadagascar y ahora una cara que conociste durante unas horas hace una década.
Como en las películas malas, piensas que sería bonito recuperar al equipo. Como en las películas buenas, piensas que al final os pillarían y os iríais juntos en la furgoneta, escapando, acelerando más y más hasta atravesar un quitamiedos y volar por encima de la ciudad, viendo cada vida a través de las ventanas, tan diferentes a las vuestras. Como en las películas, cuando se acabe todo estará negro.
Excepto por la parte en que no sabemos qué nos va a pasar ahora, todo está bien. Ha sido un éxito, estamos contentos, estamos celebrando, estás contento y celebrando, estoy contento y celebrando contigo. Y ahora qué, podríamos pensar, pero eso estropearía el momento. Ahora qué implica pensar en qué hemos hecho y qué consecuencias puede tener.
Donde la moral entra en juego estamos todos bastante alineados, nadie en ese piso tiene reparos, todos buscamos algo muy concreto, aunque no sea lo mismo. Dentro de un par de décadas nos daremos cuenta de lo importante que era buscar lo mismo.
Aunque se nos están acabando las drogas seguimos conduciendo, seguimos la fiesta, aunque empezamos a pensar que no es una fiesta, cómo va a ser esto una fiesta, qué hacemos aquí, quién es esta gente, qué acabamos de hacer, apenas los conozco, qué acabo de hacer, quién es esta gente, qué ha pasado, de qué hablan, cómo salgo de aquí, qué acabo de hacer.
Y la conversación se está estancando, no hay más vuelta de hoja. Llevamos una cantidad indefinida de tiempo en carretera, no sé si llevamos horas o minutos, el subidón se ha convertido en bajón y es el momento en que nos preguntamos qué nos va a pasar.
No cambiaría una decisión estúpida como la que tomamos por nada en el mundo, pero a veces pienso en quiénes podríamos haber sido. No todo nos iba tan mal, éramos un grupo que podría haber usado para cualquier cosa ese resentimiento, el mismo combustible hecho de odio, con el que finalmente nos lanzamos a cambiarlo todo.
Por otros cinco años de vida normal… la vida, iba a decir, pero eso es lo que pasó.
Pasas los primeros diez años tan rápido como puedes, intentando olvidarte de qué pasó, pero es imposible porque cada día que pasas a este lado de tu vida es un recordatorio de lo que has hecho. Te recuerdo y pienso que tampoco está tan mal. Pienso cada día en lo que hicimos porque todos mis días son una consecuencia de lo que hicimos. Sé que vives igual.
Los siguientes diez, gente que intenta ser educada te revienta, te molestan los gestos de amabilidad. Llevas toda la vida buscando sitios en los que nadie te reconozca o no les importe reconocerte. Tu cara en las pantallas al lado de mi cara en las pantallas.
Cuando pierdes ochenta y cinco días en mitad de Francia, te paras a pensar en cuánto tiempo más quieres seguir haciendo esto. A dónde vas. Si tan solo pudieras repetir la jugada, si tan solo pudieras conocer gente que pensara como tú una vez, si tán solo te sientes por qué sigues.
Sí, sé que es agotador y ¿dónde están tus amigos esta noche?
A decir verdad, eso es lo único que me importa. Estoy a veinte años de distancia y puede que estemos a veinte o veinte millones de metros de distancia, pero eso es lo único que importa. Todo ocurrió hasta ahí y todo ha ocurrido desde ahí, pero qué ha pasado con quienes han vivido la vida igual. Quienes estaban ahí.
Esta podría ser la última vez que pienses en mí. Te has levantado con el pie izquierdo y te lo has torcido, te ahogaste en la marmita, te resbalaste mientras te sujetaban por el talón. Quisiste cambiar el mundo y conseguiste cambiar el mundo de un grupo de tarados. Tu mundo. Una noche venidos arriba y boom.
Así que allá vamos: han pasado un par de décadas pero estás en un edificio en el que yo nunca he entrado, hablando con chavales, ganándotelos con tu carisma, tu encanto, unas cervezas, la experiencia y las historias, un discurso que llevas cocinando veinte años.
Como una flotilla comercial hacia la noche, salís silenciosos, seguros de vuestro destino. Algo es diferente, algo no ha funcionado. No es el mismo edificio, el mismo grupo, el mismo momento, la misma noche. Eres tú, pero no soy yo. Esta noche tus vecinos duermen tranquilos.
Y si hice el ridículo, si hice el ridículo, si hice el ridículo, si hice el ridículo, si hice el ridículo, el ridículo no es lo peor que hice.
En el camino siempre hay algo de esto, tiempo de sobra para dar vueltas y vueltas sobre lo que podría, sobre y si, sobre lo que sería si no hubiera… pero hay que callarlo, hay que seguir adelante, un paso tras otro y otro paso delante, un día y una noche y ya es el día siguiente. Llevo toda la vida haciéndolo, no puede ser tan difícil todavía. Llevas toda la vida haciéndolo, ¿te cuesta?
Y si terminan amodorrándome, si todos estos años solo sirven para terminar en el mismo sitio del que he intentado escapar, si en vez de ganarme por la fuerza o por la inteligencia lo hacen por la resistencia… no creo que me importe. A estas alturas estoy cansado. Quizás ya han ganado, quizás su victoria sobre nosotros sea que no nos importe.
Todavía puedo volver a casa, a esto: unos padres que me han querido, un perro que no conozco pero me querrá, un vecindario lleno de gente que saluda por las mañanas, un jardín lleno de flores, la lluvia en primavera y el sol en verano, pasear por las calles donde los coches no van demasiado rápido, bajar por las mañanas a tomar un café y comprar una barra de pan que nos durará todo el día. Todavía puedo volver a casa.
Y con mi cara de padre y una pose ridícula mirar todo lo que dejé atrás y pensar que tampoco era para tanto, que he dedicado mi vida a algo diferente, a algo que tenía más sentido. Hice algo, dijiste en esa habitación hace tanto tiempo que nos sentiríamos así y tenías razón, miraríamos atrás y pensaríamos en la hermosa casa y la hermosa pareja y el perro y el coche y no tendríamos nada de eso, pero tendríamos recuerdos mucho más reales, mucho más vivos que una imagen idílica insostenible en el tiempo. Pero ahora me siento viejo.
Puedes dormir en el avión o repasar lo que has dicho. Puedes arrepentirte o estar orgulloso. Da igual, ¿no? No ha funcionado, lo has intentado, no ha salido bien. Casi, pero el mundo ha cambiado y en algún momento te bajaste del tren. Ves la vida como el tocón de un árbol, miras hacia atrás y ves las raíces expandiéndose y piensas en las posibilidades, pero no era así, no tenías tantas opciones. Ahora crees que sí, pero tienes que saber que no. Tenías algunas opciones, elegiste.
Cuando estás borracho y los niños están terriblemente morenos después de un verano de playa, en una comida con amigos, contáis cosas que no deberíais sobre vuestros pasados, cosas que incomodan a los demás. Sé qué historia vas a contar, pero me encantaría saber cómo la vas a contar: hace veinte años hice algo indecible; o hace veinte años hice amigos; o hace veinte años conocí a alguien especial. Esa última es la que utilizaría yo; ¿te odias?
Piensas una y otra vez: oye, ¡por fin he muerto! cuando amaneces en un sitio que no reconoces, hasta que subes una persiana y solo es tu habitación. ¿Cuántas veces te puede pasar esto? Mudarte a un piso sin persianas o irte, irte. Cualquier cosa.
Si el viaje y el plan se te deshacen en las manos y nada cambia, estamos aquí tranquilamente veinte años después de que no ocurra nada. Cada uno en un lado de una mesa. Nuestras caras otras caras más. Me veo reflejado en tus ojos que siguen siendo azules. Hablamos tranquilamente de algo que nunca llegó a pasar.
Puedes volverlo contra ti, patético payaso, me dirás. Puedes convertirte en un Don Nadie, no haber hecho nada en lo que creías. Pero tú eras quien creía. Tú ponías los principios, la convicción, nosotros llevábamos la devoción. Tú estabas haciendo algo y yo solo tenía fe.
Te olvidarás de qué querías decir cuando leas lo que dijiste, cuando estés todavía más anciano, a veinte años de aquí, y te cruces un artículo donde se recuerde lo que pasó, tu cara en la pantalla al lado de mi cara en la pantalla, y no entiendas esas palabras que salieron de tu boca. Y veas todas las imágenes y pienses en quién más estaba en esa furgoneta y está viendo eso ahora.
Y, sí, sabíamos que estabas cansado, pero también estabas exaltado, estabas lanzando palabras como cuchillos y nosotros éramos capaces de atraparlos en el aire, sin hacernos daño. O eso pensábamos. Miro mis manos ahora y las arrugas parecen cortes si la luz es apropiada. Y pienso, yo también:
¿Dónde están tus amigos esta noche? ¿Dónde están tus amigos esta noche? ¿Dónde están tus amigos esta noche?
Si pudiera ver a todos mis amigos esta noche, si pudiera ver a todos mis amigos esta noche…
Holaaaa, seguro que muchos lo habéis pillado pero efectivamente: este texto está inspirado por la canción All My Friends de LCD Soundsystem, tan inspirado como que la primera línea de cada párrafo se corresponde con un verso de la canción.
Ha sido divertido sacar una historia de ahí, no sé exactamente por qué he terminado en la del terrorista que se enamora de otro terrorista, pero bueno, creo que ha quedado interesante, cualquier comentario, como siempre, se agradece mucho.
Ahora pienso que me habría encantado 1) no tener que ceñirme a la estructura de verso-párrafo (que hacia el final estaba siendo realmente agotadora y creo que penaliza un poco el cuento) y 2) tener a alguien editando las cosas, que me dijera que juntar varias palabras era una mala idea la primera vez y no cuando ya me había comprometido y lo había usado en varios párrafos.
En fin, no estoy contento del todo, pero si alguien me pagara por publicar una colección de los cuentos que publico aquí, creo que se puede revisar este para que salga algo que me guste bastante. Además, ha sido dificilillo de sacar adelante, muchas vueltas y mucho mirar una pantalla sin encontrar la manera de que funcione bien del todo un párrafo, pero me ha gustado tener que editarme bastante, no suelo hacerlo.
Por decisión editorial (siempre leo mis cuentos en voz alta antes de publicar) he metido una tilde donde no toca, lo siento si os ha jodido, pero facilita la lectura en mi opinión.
Muchas muchas muchas gracias por leer, dudo que publique algo más antes de final de año así que felices fiestas y nos vemos con otra historia en el futuro :)
Un abrazo.




What a ride! Algo me olía por la estructura de las primeras frases de cada párrafo, pero wow, tremendo ejercicio 👏
Ante la cuestión de "¿Dónde están?", me atrevo a decir que ya no queda casi nadie de los de antes. Y los que hay han cambiado.
Han cambiado.
Joder, qué viaje y qué ejercicio tan CHULÍSIMO de escritura. Me ha encantadoooooooo