Vaya viaje
Hasta dónde llegarías por una buena historia y es ese sitio tu casa
Me he leído la Odisea de Homero, que suena a algo impresionante y algún amigo me preguntó qué onda, pero en realidad no es un libro larguísimo y la mitad de las cosas ya te las sabes.
Lo he leído en la edición de Blackie Books, fantástica en cuanto a contenido (tiene la Odisea así que cumple lo que promete) aunque sea de un tamaño que me ha impedido llevarla a sitios, tampoco me parece mal tener un libro de estar en casa. Además de la Odisea (en la traducción de Samuel Butler, sospecho que no la que más gracia me podría hacer) incluye lo que han tenido a bien llamar La versión de Penélope, cagándose un poco en el divertido nombre The Penelopiad, pero entiendo que eso hace más el juego con The Illiad y aquí estamos de secuela. Alas!
No me ha gustado una mierda La versión de Penélope, si os soy sincero, creo que se nota bastante que es una novelita de los viejos tiempos de 2005 donde todo era mucho más sencillo, y no me divierte ni interesa bajar los mitos a pie de calle. Además de esta, la edición incluye el poema Penelope de Dorothy Parker que creo que puede ser lo mejor que he leído este año, el verso con el que abre es una cosa bellísima y muy evocadora y el poema entero es una delicia, la verdad.
In the pathway of the sun,
In the footsteps of the breeze,
Where the world and sky are one,
He shall ride the silver seas,
He shall cut the glittering wave.
I shall sit at home, and rock;
Rise, to heed a neighbor's knock;
Brew my tea, and snip my thread;
Bleach the linen for my bed.
They will call him brave.Completan el libro tres microversiones (palabra de Blackie, no mía) de Nick Cave, Augusto Monterroso y Javier Krahe, que son lo que puedes esperar de cada uno respectivamente (no conocía a Augusto Monterroso antes de esto, si no aplica pido perdón).
La Odisea es un libro bastante chulo a pesar de tener unos cuantos años, creo que tiene que gustarte un poco la aventura y mucho la cultura griega, pero si conectas el efecto al final es que varias veces digas –dije– “vaya viaje”. Ulises va y viene y se acerca y se aleja de Ítaca y esa es un poco la gracia, si fuera de un sitio a otro y ya está sería una aventurilla clásica más, pero el tanteo, el ir y venir, el venirse arriba y reírse de los dioses y ver cómo inevitablemente los dioses le dicen que se joda y lo mandan de vuelta a una isla random sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar los 200 euros es lo que hace que esto sea una odisea y, en fin, la Odisea.
Ulises es un cabrón, por cierto, el libro es mucho más interesante por eso, la única razón por la que empatizas un poco con él es porque las pasa realmente putas durante el viaje y porque, en fin, es un Héroe y el protagonista; pero Ulises es orgulloso, tramposo y desconfía de absolutamente todo el mundo, no duda en ponerle trampas a cualquiera que hace por ayudarle un poco y su reacción más calmada es prometer que va a matarte de forma piadosa.
Lo más gracioso del libro es que esto no desentona para nada, todo el mundo está bastante a bordo (perdón) de la venganza de Ulises y los mismísimos pretendientes de Penélope saben que lo que están haciendo les pasará factura si por lo que fuera Ulises no llevara veinte años (es loco eh) fuera de Ítaca. Hay un momento que le mandé a mi amiga M. porque me tenía rodando:
Es todo el rato así, te lo pasas genial leyéndolo y el final es maravillosamente anticlimático, va a haber una pelea y Atenea aparece y dice que ya hubo mucha pelea así que todos se vuelven a casa. A mí me divierte te lo plantees como algo literal (apareció la mismísima diosa Atenea) o como algo más metafórico (les llegó la inspiración y después de 20 años de matraca decidieron dejarlo estar), pero en general soy bastante partidario de tomarse el libro al pie de la letra y pensar que los dioses pululaban por la tierra.
Como he comentado, la edición no era muy transportable, así que en paralelo me he leído Our Lady of the Flowers, de Jean Genet, que pesaba menos en la mochila pero mucho más en la cabeza.
Sé que mucha gente recomienda no hacer esto, pero soy realmente incapaz de dejar de leer un libro que he empezado, por poco que me guste, las cosas se tienen que dar muy mal para que lo haga (la última vez me pasó con el Ulises de James Joyce, que estoy deseando volver a empezar, y dejé de leer cualquier cosa durante tres meses, ahí es nada).
Así que ahí estuve, picando horas de lectura con Divine y el resto de personajes de Our Lady of the Flowers (un título bellísimo en cualquier idioma, por cierto, Notre-Dame-des-Fleurs, Santa María de las Flores). La prosa de Genet es difícil de leer, y su empecinamiento con los detalles más lascivos o desagradables del libro se me hicieron bastante cuesta arriba. Da vueltas y vueltas y no se cierne a una narrativa convencional pero tampoco marca de ninguna manera los saltos temporales, que no es algo que me moleste siempre, pero si no has entrado es una forma segura de sacarte todavía más.
Sin embargo, leí como la mitad del libro de una sentada en un avión en el que no conseguí dormirme y ocurrió algo bastante bonito, y que me reafirmó en que dejar un libro a medias no merece la pena. Hacia el final de la historia hay un juicio a Santa María de las Flores por asesinar a un anciano, y todas las chicas a las que ha conocido se ven obligadas a dar su nombre legal. En mitad del juicio, Santa María de las Flores toma la decisión de confesar, sabiendo que podría haber evitado la condena (a muerte); leí este momento como una venganza frente a ese sistema que había obligado a todo su círculo a mostrarse de una forma que no era la que habían elegido, la que habíamos visto hasta ese momento en el libro, y me emocionó mucho.
Entiendo que eso no habría ocurrido si no hubiera leído medio libro de una tacada, pero tampoco habría pasado si a las treinta páginas lo hubiese dejado de lado. Leer lo que no me gusta está bien para saber qué es lo que me gusta, etc.
Además, me ha servido para comprobar una vez más que abandonarse un rato a un mundo, sin saber a dónde vas, por frustrante que sea, da pie a que haya una sorpresa en cualquier esquina: me ha funcionado esta secuencia en el libro como podría haberme funcionado cualquier otra; me recuerda en ese aspecto a las películas de Jacques Rivette, que vi hace un par de años y que me tenían totalmente desubicado, sin nada a lo que agarrarme, algo que me frustró mucho en un principio pero que para el final del ciclo era mi parte favorita, podía quedar media película o podía estar a punto de terminar en cualquier momento, el cine de la posibilidad infinita.
He mezclado un par de libros que no tienen mucho que ver aquí, pero me gusta ver que dos cosas que he experimentado de forma tan diferente y tan clara me pueden aportar cosas, el mundo está lleno y no sabes dónde te vas a chocar con algo bueno de pronto.
Gracias por leer, creo que tengo una idea medio interesante de qué hacer con esta newsletter, os cuento la semana que viene si me decido.





